¡Qué triste no tener otra palabra para triste
(y para todo)
más poética, más actualizada,
más significativa!
Que triste dejar el poema por el hambre,
el hambre por el sexo,
que el sexo te abandone por nimiedades:
la organización empresarial,
las notificaciones del móvil,
la no confluencia astral y psico-física,
el no amor,
la no pasión,
el hidroalcohólico del beso
y las caricias calurosas desechables en verano.
¡Qué todo más triste!
El atún que viaja
en su última natación
para morir en su costa
de nacimiento
y ahora se encuentra
en mi plato, eso sí, rodeado
de los arcángeles
San Ajo, San Pimentón Picante,
San Tomate Frito, San Orégano de Todos los Condimentos
y Santa Cebolla.